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Superávit de Reyes Magos y banderas

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En cada localidad que visitan, y según qué cadena les enfoca, los Reyes Magos practican una aclimatación curiosa. Antes, en todos los canales de tele lanzaban un único mensaje universal, habituamente de paz y de amor. Ahora, haciendo zapeo por el telehipódromo, vemos que se mimetizan con el clima existencial de cada zona.

El rey Melchor, a su paso por Vilanova y la Geltrú, por ejemplo, y bajo el foco de TV-3, ha deplorado que haya padres que no puedan celebrar la noche mágica por estar lejos de sus hijos debido a la fidelidad a sus ideas. Ha sido una referencia sutil a los políticos presos.

Los Reyes del Sábado Deluxe también se han contagiado del ambiente del imperio telecinque. Han mutado, transformándose en criaturas propias de los shows y ratomaquias de esta cadena, como Silvia Gambino y Ángel Garó. Con alguna excentricidad curiosa, como la presencia de sor Lucía Caram en el papel de rey Melchor. Ha sido interesante la pregunta que le ha hecho la actriz Yolanda Ramos. Le ha dicho: «Hay guerras. Mueren niños continuamente. A las costas de Cádiz llegan, flotando, cadáveres de personas.  Me pregunto: si Dios existe, ¿para qué sirve Dios?». ¡Ah! Preguntar en Tele 5 por la existencia de Dios tiene mérito. Las pasó canutas su majestad Melchor Caram buscando una respuesta.  Al final explicó: «Esta pregunta no se contesta con palabras. Hay que retornar a nuestro propio corazón». Enigmática respuesta. Parecía un pasaje shaolín del Maestro Po, ilustrando al pequeño saltamontes.

Otro Rey, que no es mago ni es de oriente, Felipe VI, ha salido también en la Pascua Militar bajo el foco de la tele (Telediario, TVE-1). Ha dicho, solemnemente: «La bandera es símbolo de unidad». Sin ánimo de ser impertinente, ¿qué bandera?  Tenemos un gran repertorio. ¿La rojigualda, la estelada, la senyera, la ikurriña, la gallega, la andaluza, la canaria, la ceutí, la melillense…?

Mi querido y recordado Eduardo Galeano cuenta en El fútbol a sol y a sombra que, en 1916, en una trinchera de la primera guerra mundial, un soldado inglés estaba jugando a la pelota. El balón de pronto dio un bote y saltó fuera. El soldadó salió corriendo tras ella. El resto de la tropa creyó que salía a combatir al enemigo, y le siguieron, disparando y enarbolando la bandera. Concluye Galeano: «Fue la primera victoria del fútbol inglés en el frente de guerra».

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