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Paparruchas en la crianza de los hijos: pulpitos para prematuros y ecografías emocionales

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El nicho comercial que rodea a los bebés hace caer a los padres y las madres en prácticas que no están avaladas por la ciencia y que pueden ser peligrosas

Pulpitos de ganchillo para bebés prematuros. Collares de ámbar para aliviar el (presunto) dolor de los dientes. Ecografías emocionales. Aparatos que te dicen por qué lloran los críos. Consultas médicas vía WhastApp… Nada sirve. Nada funciona. Sin embargo, hay un nicho comercial impresionante en el que se fomenta la compra compulsiva de cosas dudosas, absurdas e, incluso, perjudiciales para la crianza. 

Respaldados por algunos hospitales, los pulpitos de ganchillo viven un momento de gloria. Tanto que se pueden comprar en cualquier tienda (cuestan unos 16 euros). Se meten en las incubadoras de los prematuros para que estos abracen los tentáculos y les recuerde el cordón umbilical. Una ñoñería como otra cualquiera. Pero es que, además, hablamos de algo perjudicial. “Los pulpitos son una fuente de bacterias, las van acumulando. Todos los peluches o juguetes están contraindicados por la posibilidad de asfixia en la cuna”, recuerda José María Lloreda, pediatra, neonatólogo y autor de ‘Manual para padres primerizos’ (Arcopress).

Los promotores de los pulpitos juegan con la esperanza de los padres, a quienes se dice que el multicolorido bichito de ganchillo no solo da confort al pequeño sino que mejora su salud. Mentira. Un grupo de científicos del Hospital Clínic acaban de publicar la nula evidencia científica que tiene esta práctica viral en las incubadoras, nacida en Dinamarca en 2003.

Collares de ámbar

Muchísimo más antigua (en la Edad Media ya se practicaba) es la moda de los collares de ámbar, piedra a la que se le otorga supuestas propiedades analgésicas y, por lo tanto, alivia el dolor de los bebés cuando salen los dientes. “Ningún estudio científico de rigor avala que la erupción de los dientes es dolorosa”, recuerda en ‘Lo mejor de nuestras vidas’ (Planeta) la pediatra Lucía Galbán Bertrand (conocida en las redes sociales como Lucía mi pediatra). Los collares de ámbar -que arrasan en algunas páginas de maternidad y crianza- son absurdos. “Para lo que mejor van es para que el bebé se estrangule con ellos”, añade Lloreda. El pasado diciembre, la Agencia de Alimentos y Medicamentos de EEUU (FDA) recomendó no usar ningún tipo de joyería para aliviar el presunto dolor de los dientes.

Marián García, conocida en redes como Boticaria García, y autora de ‘El Moco radiactivo y otros desvelos de padres primerizos’, dedicó un capítulo de su blog a los collares de ámbar, que -según sus promotores- cuando se ponen en contacto con la piel liberan un aceite que contiene un ácido que es un potente antiinflamatorio. Tras dudar de esta teoría, la doctora en Farmacia concluye que una bolita tragada o metida en la nariz del bebé puede producir asfixia y que el único método para evitarlo es no ponerle collar alguno.

Ecografías emocionales

Más recientes son las ecografías emocionales. Se trata de una prueba no diagnóstica que realiza a la embarazada un técnico sin formación sanitaria. Su objetivo no es buscar un problema de salud en el feto (como en el caso de las ecografías normales practicadas por los ginecólogos). El único fin de esta nueva práctica es que la futura mamá y el futuro papá sientan -todavía más- el vínculo con su bebé. “Hay un tremendo beneficio económico detrás de esta práctica. Todo lo que lleva la palabra vínculo vende mucho”, critica Lloreda, que destaca que, en alguna ocasión, los papás llevan gafas de realidad virtual. Las principales sociedades científicas recomiendan hacer las mínimas ecografías normales: unas tres a lo largo de todo el embarazo si todo va bien.

Traductores del llanto

Tampoco sirven para nada -más allá de para gastar dinero- los aparatos que te dicen por qué llora tu bebé, una máquina que, en función de las características del llanto, te dice si es debido a que tiene calor, hambre o está aburrido o tiene el pañal mojado. “Es una banalización. Ojalá supiéramos por qué llora un niño. Es imposible. Además, mucho cuidado porque un niño puede estar muy malo y no llorar”, resume el autor de ‘Manual para padres primerizos’.

Por último, Lloreda hace hincapié en los seguros que te venden la modalidad de poder preguntar telemáticamente a un médico los problemas con tu bebé (sin verle). También las páginas donde te cobran por mantener mensajes con los expertos vía WhatsApp, sobre todo en temas relacionados con la lactancia y la crianza. “Eso no es medicina, es solo una aplicación del móvil para quitar ansiedad a los padres, a los que aconsejo que busquen un pediatra. Su criatura se lo agradecerá”.

 

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