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Ourense, el feudo del PP en el que las alcaldías se heredan

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Históricos regidores populares de esta provincia gallega legan sus mayorías absolutas a sus vástagos cuando les llega la edad de jubilación

José Manuel Baltar Blanco, hijo y sucesor del expresidente del PP y de la Diputación de Ourense José Luis Baltar, condenado por enchufismo, organizó a finales de marzo un acto solemne. Ante una multitud de dirigentes y bases del PP provincial, se proclamó candidato al organismo provincial, como si se tratase de un cargo electo en urna. En realidad, Baltar es el número dos de la lista del PP en Esgos, municipio de poco más de 1.000 habitantes del que su familia es oriunda. Este pequeño ayuntamiento es también el origen de un modelo político iniciado por el primero de los Baltar que el segundo perpetúa: el de la sucesión dinástica que ambos iniciaron. En cuanto llega la edad de jubilación, los históricos regidores van legando las alcaldías a sus vástagos, algunos empleados además en la Diputación que suma más de tres décadas en manos de la familia Baltar.

Esgos es el punto de partida. El alcalde y candidato a repetir mandato se llama Mario Rodríguez y es nieto del exregidor Manuel Ángel Rodríguez que en 1997 rindió culto al instaurador del baltarismo. Cuando el primero de los Baltar asumía todo el poder provincial (la presidencia del PP y de la Diputación), el regidor de su pueblo lo honraba poniéndole su nombre a la piscina y al polideportivo y nombrándolo hijo predilecto. Mientras tanto, Rodríguez iba colocando a su propia prole en la Diputación.

Entre los dos alcaldes Rodríguez hubo un tránsito de siete años en el que el Ayuntamiento estuvo en manos de Manuel Blanco, cuñado de Baltar padre y tío del actual presidente provincial. Mantuvo la alcaldía entre 2003 y 2010 custodiado en el segundo puesto por su sobrino. Ahora el alcalde es el segundo de los Rodríguez y su teniente de alcalde el segundo de los Baltar, cargo que le permite optar a la Presidencia de la Diputación. Ambos mantienen intactos sus legados. Y por lo que pudiera pasar, Manuel Blanco refuerza el patrimonio político de la familia Baltar desde su puesto de primer suplente.

A imagen y semejanza de Esgos, en el municipio de Quintela de Leirado el histórico alcalde José Antonio Pérez Cortés mantiene como número dos de su lista, dispuesto a dar el salto en cualquier momento al primer puesto, a su hijo Pablo Pérez. Este ya sustituyó a su progenitor en la presidencia local del PP. El primero de los Pérez de Quintela mantiene el poder desde 1976 con impenetrables mayorías absolutas. Y desde la presidencia de la Mancomunidad de Terras de Celanova, empleó a su vástago-sucesor junto a una larga lista de parientes y de otros cargos del PP. El hijo, ahora en el núcleo duro del neobaltarismo, es secretario de Organización del partido en la provincia.

En Oímbra, el también histórico Alfonso Villarino traspasó en 2015 a su hija la alcaldía que él ostentaba desde 1979 con similares mayorías absolutas. En las pasadas municipales arropó a su hija situándose él en el segundo puesto. Cumplida la misión de la mayoría absoluta, ha optado ahora por dejarla volar sola. Antes ya había dejado volar a su hijo el regidor de Monterrei, José Luis Suárez, del núcleo duro del primero de los Baltar, si bien después de verlo empleado en la Diputación como jefe de Recursos Humanos. En 2015, tras hacerse con la presidencia local del PP, el segundo de los Suárez encabezó y mantuvo la alcaldía a la que vuelve a optar.

En Cualedro, Luciano Rivero Cuquejo se hizo con el poder local tras la defunción, en 2006, de la titular, su madre, Marina Cuquejo, que gobernaba desde la Transición y que convocó la oposición municipal por la que Rivero se hizo funcionario. Proclamado alcalde, instaló en el pueblo una imponente escultura con la efigie materna. Ahora se presenta a la reelección tras haber mantenido intacto durante 12 años el legado.

También por fallecimiento del progenitor tuvo que adelantar su acceso a la alcaldía de A Gudiña José María Lago. Su padre, Guillermo Lago, mantuvo consecutivas mayorías absolutas para el baltarismo desde 1992 hasta su muerte repentina en 2016. Su hijo, que ya era su primer teniente de alcalde, lo sucedió en el cargo. Ahora encabeza la lista.

No todos los traspasos de alcaldía son definitivos. En Melón, Cristina de Francisco la guarda para su esposo, Alberto Pardellas, inhabilitado por la Justicia en 2010. Con él fuera de juego, De Francisco, que no había soñado con dedicarse a la política, encabezó la lista en 2011 y revalidó la alcaldía entonces y en 2015 mientras Pardellas, en el paro, la acompañaba a los despachos oficiales. Acabó contratándolo como asesor.

En la lista de herederos figura la alcaldesa y candidata a la reelección en A Bola, Teresa Barge, que sucedió a su padre mientras que Jesusa Candal, sucesora del histórico regidor ya fallecido de Vilamartín de Valdeorras, ha perdido el patrimonio heredado y con ello, la confianza de Baltar: ya no repite. En ocasiones los familiares fallan. El alcalde de Pereiro de Aguiar, el veterano Eliseo Fernández, colocó a su yerno en la lista el año pasado pero este prefirió un empleo en la Diputación. Sin sucesor directo, el regidor ha aceptado el que le ha indicado el presidente provincial. Y como si de un hijo se tratase, lo arropa desde el segundo puesto en la lista. Algo similar ocurre en Vilar de Barrio en donde a falta de familiar y tras cuatro décadas en la alcaldía, Juan Pérez cede el paso a un funcionario municipal. Eso sí, hijo de exregidor.

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