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Naomi Osaka: «La presión te hace pensar más en ganar que en disfrutar»

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Naomi Osaka posa para ABC – Mutua Madrid Open

Con 21 años, es la sensación del momento. De padre haitiano y madre japonesa, ha alzado los dos últimos grandes y espera brillar por fin en Madrid

La mezcla es explosiva. Padre de Haití (de ahí el color de su piel), madre de Japón (de ahí sus ojos rasgados) y ella, desde casi siempre, residente en Estados Unidos (de ahí su perfecto inglés) y con una manera de proceder muy yanqui. Es Naomi Osaka (16 de octubre de 1997), número 1 de la WTA, campeona de los dos últimos Grand Slams (US Open y Abierto de Australia) y un soplo de aire fresco para el inestable circuito femenino. Tiene algo esta joven para que caiga bien a todo el mundo, una mezcla de inocencia, timidez y dulzura, y llama poderosamente la atención la facilidad que tiene para pasar de un rostro tremendamente serio y algo disperso a la sonrisa más contagiosa. Tiene un puñado de peticiones antes de que empiece el Mutua Madrid Open, por algo es la chica de moda, pero se le dosifica ante los medios. Aunque recurre a algún que otro tópico muy propio del mundo tenístico, una vez se relaja, en el cara a cara habla con soltura y hasta con cierta cercanía.

En el Sky Lounge de la Caja Mágica, un rincón de lujo en el ático de la pista Manolo Santana, Osaka luce su salvaje melena rizada y se presenta a ABC con un apretón de manos protocolario, muy educada. Esta semana, después de retirarse de Stuttgart por problemas en el abdominal, ha estado en Manacor, en la Rafa Nadal Academy by Movistar, y aterriza en Madrid con muy buena cara, empeñada por fin en hacerlo bien en un torneo del que nunca ha salido demasiado satisfecha pese a que ya de entrada tiene una rival complicada como Dominika Cibulkova. «Miré opciones y me acordé de que Rafa tiene una en su isla, así que le pregunté si podía acudir y me dijo que sí. Es un sitio muy bueno para entrenar en tierra y es muy bonito además», detalla. Ahí, claro, coincidió con el español, asombrada porque el campeón de 20 grandes le hablaba abiertamente sin establecer ningún filtro o algo similar. En cierto modo, Osaka parece que no es consciente de su posición, vertiginoso su ascenso ya que el año pasado, en enero, era la 67 del mundo y ahora manda en las alturas con autoridad. «La gente se piensa que mi vida va rapidísimo, pero para mí es una progresión diaria».

El sueño de ser abanderada

Osaka ha sido la primera tenista japonesa en ganar un Grand Slam, si bien es cierto que hay quien le cuestiona su condición porque se fue a vivir a Estados Unidos con sus padres a los tres años. «Me siento japonesa. Supongo que por vivir en Estados Unidos me debería sentir americana, pero sé separar lo que es vivir en un sitio respecto a ser de otro», resuelve. Hay que tener en cuenta que en Japón, cuando se cumplen 22 años, se debe elegir una ciudadanía en el caso de tener doble nacionalidad, así que la tenista da ahí una noticia e incluso sueña con ser la abanderada en los Juegos de 2020. «Todo el mundo quiere eso. Yo nunca he estado en unos Juegos y para todos los deportistas japones los de Tokio van a despertar un interés muy grande». Osaka, todo hay que decirlo, no domina su idioma materno a la perfección.

Tiene cosas propias de los 21 años, aficionada en su infancia a Pokémon hasta el punto de soltar una frase de la serie en plena entrevista cuando aún no estaba ni entre las 100 primeras. «Llegaré a ser la mejor, la mejor que habrá jamás», exclamó a modo de predicción. De momento, la mejor es; la mejor que habrá jamás ya es otro cantar.

Se ganó el corazón de todo el mundo al vencer el US Open de 2018 a Serena Williams, imposible de olvidar porque fue cuando la pataleta bochornosa de la norteamericana. Cuando tocaba reír y brindar, Osaka lloraba en su parlamento, pues Serena había destrozado el momento más esperado de su vida.

Ahora trata de gestionar la exigencia de ser la número 1, nada fácil. «Voy a tener que trabajar mucho. Obviamente me encantaría poder relajarme, aislarme de todo y disfrutar del tenis, pero creo que no voy a poder disfrutar de ese lujo nunca más». De hecho, después de conquistar Australia este año tuvo una serie de altibajos, justificados también su ruptura con su entrenador (Sascha Bajin), pero advierte de que cada vez entiende más su lugar en el planeta tenis. «Me está empezando a gustar la presión. En Dubái, Indian Wells y en Miami eso me estresaba un poco porque en cierto modo mi condición hace que lo tenga que hacer bien en cada torneo. Pero con la presión pensaba más en ganar que en disfrutar del tenis, a veces pasa. Ahora, en la tierra, estoy pasándomelo bien otra vez».

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