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Los políticos se van de romería

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Calor, mantones y mucho canutazo en una jornada festiva en Madrid y dura en Cataluña

Pablo Casado suda. Lo hizo ayer, y no fue (solo) por la encuesta publicada en El Mundo que predice, como la del CIS, un batacazo del PP en Madrid, donde podría perder el gobierno regional después de 24 años. Casado tenía gotas en la frente porque además, en la pradera de San Isidro, le rodeaba una turbamulta de periodistas y hacía 32 grados.

Lo llaman canutazo. Consiste en una melé de micrófonos, cámaras, blocs y bolis rodeando a un candidato. En la tele queda bien, pero en vivo un canutazo es angustioso y huele fuerte a periodista. Hay que ser muy profesional para estar en medio y soltar un discurso. El líder popular presumió en el suyo de la gestión del PP madrileño (combo: 200 kilómetros de Metro, bajada de impuestos, educación concertada) y pasó enseguida a la clave nacional-futbolera que viene días usando: no vuelvan a fragmentar el voto, voten al PP “para no bajar de la Champions a Segunda División”.
Venía de la ceremonia, en el Retiro, de las Medallas de Oro de Madrid, donde hubo más melés de periodistas rodeando, por ejemplo, a Ángel Gabilondo. El caballo ganador del PSOE madrileño le afeó a los populares lo de decir que “los que votan se equivocan”, y también lo de que la prensa descontextualiza (sobre todo a Isabel Díaz Ayuso, candidata del PP a la Comunidad). “Los políticos nos tenemos que hacer entender, lo que faltaba es echar la culpa a los periodistas, eso se hace en otros sitios y no nos gusta”, dijo. “Os pasáis el día con nosotros, nos conocéis de sobra, también nuestras incongruencias”, apuntó luego, sonriendo a los de los micros y las cámaras, como diciéndoles, “yo me fío, nos hemos olido”.
Lo más bonito del acto fue el discurso del premiado Andrés Rábago, El Roto, que dijo que aunque en Madrid hay cosas “chungas” y algún “canalla”, la capital es una ciudad “ingrávida”. En “las ciudades que pesan te sientes observado por los monumentos, pero eres invisible para la gente”. En Madrid, dijo el viñetista de EL PAÍS, “los habitantes aun se contemplan con curiosidad”.
De otro tipo de curiosidades (el tipo excéntrico), estuvo llena la pradera en el día de San Isidro que es donde se desarrolló principalmente la sexta jornada electoral. Los de Vox, los dos candidatos madrileños y el diputado electo Iván Espinosa de los Monteros, se presentaron cantando un chotis contra Manuela Carmena. Desafinaron mucho, pero hay que reconocer que los de verde estuvieron finos en la batalla de los abanicos. Muchachos aseados los repartían a montones entre la gente asfixiada, y aunque también había abanicos de Podemos y unos muy monos del PP con la cara y las gafillas del alcaldable Almeida, la mayoría de chulapos y chulapas agitaban la bandera de España que decoraba el de Vox. Incluso aquellos que se desgañitaron gritándole “¡guapa!, ¡alcaldesa!” a Carmena cuando apareció envuelta en un mantón. Fue la que se llevó más piropos y caricias (la gente la toca mucho y ella achucha de vuelta, que también es un trabajo). A Íñigo Errejón también le gritaban, pero menos, “¡presidente, presidente!”. “Pensaba que decían ‘que se besen”, le dijo la alcaldesa a su compañero de tique antes de entrar en el enésimo canutazo de la mañana. “Ahí ya sí que revolucionamos San Isidro”, le contestó el otro muerto de risa. Ya en antena, Carmena dijo que le iba a pedir al santo patrón lo mejor para Madrid. Y muy pichi continuó: “Deduzco que me dirá, ‘para eso, quédate tú”.

En Cataluña no hubo fiesta

Albert Rivera, que había llegado a la romería en un cochazo de cristales tintados, no estuvo de acuerdo. “Carmena está en el extremo caos”, dijo, y luego ya aprovechó para sacar el tema de Cataluña, donde el clima de ayer era de todo menos festivo. Por un lado la Fiscalía acusó de organización criminal a altos cargos del Govern por el 1-O, incluido el jefe de TV-3. Por otro, Torra cuestionó ante el juez la competencia de la Junta Electoral para ordenarle que retirase los lazos amarillos de los edificios públicos en la anterior campaña. Y de guinda, el lío del veto a Iceta de los independentistas. El vetado dijo que le parecía una “aberración democrática” y Pedro Sánchez, que estaba mitineando en San Sebastián, leyó el subtexto: “No es un veto a Iceta, sino a la convivencia y al diálogo”.
Mientras tanto, en Pamplona, Pablo Iglesias se acordaba de que además de San Isidro ayer era 15-M. Aquello sí que fue un fiestón, se le oía pensar. Ocho años ya del “movimiento que cambió España”. “Entonces los que mandaban nos dijeron de manera un poco arrogante: ‘Si queréis hacer política, presentaros a las elecciones’. Quizás hoy se arrepientan”, dijo el líder de Unidas Podemos, con tono de que sí, de que se arrepienten fijo. Desde luego, su candidata a la Comunidad de Madrid, Isa Serra, fue la más punki del día: en plena feria taurina de San Isidro prometió hacer un referéndum para quitar los toros. Mientras, políticos de todos los colores, locales y nacionales, asistían bien portados bajo el sol abrasador a la llamada “misa de campaña”. Campaña, de campo, y este año, también de la otra.

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