Opinión

La vuelta de los cisnes negros a Europa

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Gay de Liébana

Durante los últimos años ya se ha convertido en todo un clásico de la literatura económica del mes de diciembre, con la vista puesta en el inminente año que está a punto de llegar, en este caso 2019, barruntar acerca de los cisnes negros. ¿Cuál es la probabilidad de que aparezcan esos cisnes negros que Saxo Bank, el banco danés, anuncia tradicionalmente? Nunca se sabe, pero aquí están y no van desencaminados ni suenan a visiones apocalípticas, de hecho, son dables.

Veamos algunos de esos hechos inesperados en los mercados y que de repente podrían jugar una mala pasada e incluso colapsar, en cierto modo, el momento económico actual que ya de por sí está bastante agitado y timorato con tanto jaleo internacional. El primero de esos cisnes negros sería que estallara una crisis de deuda en Europa. Italia, Francia y España tienen todas las papeletas para que eso se produzca. En el país trasalpino, el volumen de su deuda pública alcanza ya más del 133% sobre su PIB que cerró 2017 con 1,724 billones de euros. Su arriesgado juego presupuestario, saltándose a la torera las reglas de déficit marcadas desde Bruselas, invitan al traspié.

Por su parte, Francia, azuzada por los movimientos contestatarios que representan los chalecos amarillos, que algunos ya intuyen a guisa de una nueva revolución francesa, acumula una deuda pública en 2018 equivalente al 99,1% de su PIB que en 2017 se cifró en 2,291 billones de euros. En territorio galo, además, la fuerte sacudida de su gasto público, que supone el 56,5% del PIB, es un elemento adicional de riesgo, lo que le obliga a estrujar cada vez más a sus sufridos ciudadanos con una monumental carga tributaria que supone más del 48% del PIB. El déficit público francés, del 2,7% sobre el PIB en 2017, al igual que el de Italia, del 2,4% el pasado año, hecha gasolina al fuego de las finanzas públicas.

¿Y España, qué tal? Pues más o menos por la misma senda que Francia e Italia. Nuestro déficit público es objeto de cuidadosa atención por parte de las autoridades europeas que presienten que en 2018 no se cumplirá el objetivo previsto. En 2017, fuimos el único país de la Unión Europea (UE) que superó con su déficit la cota del 3%, 3,1% para ser exactos, y, al día de hoy, somos los únicos que estamos bajo la lupa del protocolo de déficit excesivo. Por su parte, nuestra deuda pública que ya supera 1,174 billones de euros representa 98,1% del PIB. Los riesgos a la vista caen por su propio peso…

Pero hay más madera con respecto a ese trío europeo que formamos italianos, franceses y españoles. Por ejemplo, la más que previsible evolución de los tipos de interés que apuntan irremediablemente al alza en 2019. ¿Serán capaces las cuentas públicas de los respectivos países de encajar el golpe de una mayor carga financiera? ¿Pagarán los intereses o tendrán que recurrir, como es habitual, a mayor endeudamiento para liquidarlos?

Y es aquí donde surge otro interrogante habida cuenta de que el 1 de enero de 2019 ya no estará vigente la política monetaria ultraexpansiva del Banco Central Europeo (BCE) que pone fin a su programa de compra de bonos y deuda cuando se despida el año 2018. Porque la primera consideración que cabe formular, atendiendo a ese escenario, es si el mismo BCE tendrá capacidad de reacción ante la aparición de ciertas complicaciones en Italia, Francia y España a la hora de obtener crédito en los mercados financieros, lo que, entre otras cosas, habida cuenta de los números que arrojan sus respectivas cuentas públicas, entrañaría un encarecimiento más o menos sustancial de la prima de riesgo.

A todo ello, súmese el crecimiento más bien anémico que se prevé en esos tres países para 2019, aunque España sea, en principio, la que mejor sale parada en los vaticinios que circulan. De momento, los datos concernientes al tercer trimestre de 2018 ponen de manifiesto que en tasa interanual, Francia está creciendo a un exiguo 1,4% en 2018; Italia lo hace a un pírrico 0,7% y España crece al 2,5%.

El segundo cisne negro viene dado por una posible recesión en Alemania. En el tercer trimestre de 2018 la economía germana ha pinchado al decrecer en comparación con el segundo trimestre el 0,2% y en comparación interanual, respecto al tercer trimestre de 2017, solo ha crecido el 1,2%. Las ventas al exterior de Alemania se están resintiendo, las nuevas tecnologías en el sector de la automoción, cuyo peso en el PIB alemán es del 14%, le afectan, la persecución a la que se está sometiendo a la industria automovilística juega en su contra y, por si todo eso fuera poco, la política arancelaria de EEUU constituye otro factor adverso para sus exportaciones ¿Qué pasa si el gran acorazado de la economía europea que es Alemania, cuyo PIB en 2017 sumó 3,277 billones de euros, gripa?

Y el tercer cisne negro preconiza una catástrofe en Reino Unido. El impacto del Brexit y una posible derrota de Theresa May, cuestionarían la salida del país británico. Las cuentas públicas inglesas, por fuerza, se resentirán a raíz de la salida del paisaje europeo y se entraría en un complicado escenario bastante propicio para subidas de impuestos, un déficit público descarriado, inflación trepando, desplome de inversiones y estampida de extranjeros golpeando al sector inmobiliario. La libra entra en caída…

Sin embargo, habrá qué ver hasta qué punto dolerá en la economía británica su salida de la Unión Europea (UE). Su crecimiento en el tercer trimestre de 2018 ha sido débil, incrementándose un 1,5% respecto a 2017, su deuda pública, aunque alta, se halla por debajo de la de Francia, Italia y España, con el 86,7% sobre su PIB, y por el momento aún se albergan dudas sobre la instrumentación efectiva del Brexit y la posibilidad de que haya algún tipo de marcha atrás en esa abrupta decisión de abandonar el marco de la UE. Veremos…

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