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El racismo sacude al Chelsea

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Raheem Sterling recibió insultos racistas en Stamford Bridge

Dos graves incidentes de la afición «blue» en apenas cinco días agitan la conciencia inglesa

En la publicación pueden verse dos capturas de pantalla. En la primera, el Daily Mail informa de que Tosin Adarabioyo, promesa de 21 años que pertenece al Manchester City, ha comprado una mansión de más de 2 millones de libras. En el titular, puntualiza que todavía no ha jugado en la Premier League. En la segunda, se informa de que Phil Foden, de 18 años y con un papel menor en el primer equipo, se ha gastado 2 millones de libras en comprar una mansión a su madre. Adarabioyo tiene la piel negra y orígenes africanos. La piel de Foden, inglés de pura cepa nacido en la villa de Stockport y líder la selección sub-17 campeona del mundo el año pasado, es blanca como la nieve.

La comparación la hizo en su Instagram Raheem Sterling, inglés de origen jamaicano que el pasado domingo recibió insultos racistas durante la visita del equipo de Guardiola a Stamford Bridge. La respuesta, cuantificada en más de 600.000 «me gusta» y cualificada como maestra a la luz de su repercusión en los medios ingleses, que llevan toda la semana rumiando el tema, ha devuelto a la picota uno de los grandes asuntos que enturbian el fútbol moderno. Pero los males acostumbran a viajar acompañados: el pasado jueves un grupo de aficionados del Chelsea entonó cánticos antisemitas durante su visita en la Europa League al Mol Vidi húngaro. El club «blue», que acababa de anunciar la expulsión de cuatro aficionados por el incidente con Sterling hace sólo cinco días, emitió un comunicado en el que ponía en duda «la capacidad intelectual» de los responsables.

El asunto dista mucho de ser novedad. Hace dos semanas, un aficionado del Tottenham lanzó una cáscara de plátano al delantero del Arsenal Pierre-Emerick Aubameyang mientras celebraba un gol. En los días previos al Mundial de Rusia, el lateral del Tottenham Danny Rose declaró que había pedido a su familia que no viajase a ver el torneo porque tenía miedo de lo que pudiera ocurrir. Y en el Chelsea, el equipo cuya grada se ha situado, históricamente, más cerca de la xenofobia –fue la primera en el fútbol profesional inglés en arrojar un plátano a un jugador negro–, todavía se recuerda el día en que John Terry hizo cenizas su reputación después de llamar a Anton Ferdinand «jodido negro de mierda» en 2012. Le costó la capitanía del equipo nacional, 277.000 euros de multa y cuatro partidos de sanción a pesar de que el juez lo absolviera. Más recientemente, en 2015, el club volvió a ver su nombre manchado por la misma tinta cuando un grupo de hinchas no permitió subir al suburbano de París a un hombre negro mientras gritaban «somos racistas».

La Premier, alarmada por el repunte racista, ha emitido un comunicado en el que urge a los hinchas ingleses a denunciar los actos racistas que presencien durante los partidos. En el ojo del huracán está el Chelsea, que en enero comenzó una campaña contra el antisemitismo impulsada por Roman Abramovich, dueño del club. El magnate ruso es, además de judío, responsable de haber armado el mejor Chelsea de siempre al contratar piezas clave en el desarrollo del club como Drogba, Essien o Malouda, todos ellos de origen africano. Hace un par de meses, financió el viaje de 150 personas a Auschwitz, en una medida que tenía por objetivo concienciar a su masa social de la magnitud de los hechos con los que frivolizaban. «En el pasado los hemos sacado de la grada y les hemos puesto suspensiones de hasta tres años. Ahora les decimos: «Hiciste algo mal. Tienes una opción. Podemos sancionarte o puedes pasar tiempo con nuestros responsables de diversidad, entendiendo qué es lo que hiciste mal», decía el presidente del Chelsea, Bruce Buck, a The Sun.

Mentes pequeñas

Cesc Fábregas, cuatro años y medio en el Chelsea, prefirió seguir mirando al dedo que apuntaba al problema: «Desafortunadamente esto sucede en muchos lugares. Es cierto que lo sucedido este fin de semana, no podemos negarlo, pero señalar a un club de fútbol por eso creo que es realmente injusto». Pellegrini, un hombre cuyas opiniones reciben un cuidado especial en Inglaterra, pidió restar importancia al incidente con Sterling, toda vez que responde a la actuación de «gente estúpida y con mentes pequeñas». Y Gary Neville, comentarista en el programa Monday Night Football, refirió haber pensado más en este mal «en las últimas 24 horas que nunca».

Con los efectos que el Brexit pueda acarrear en la sociedad británica emergiendo como una incógnita de incómoda respuesta, su fútbol suspira por que en este partido los goles termine haciéndolos a puerta vacía.

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