Economía

El frenazo de la economía china enciende las alarmas de las grandes marcas de lujo

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Tiendas de Tiffany y Louis Vuitton en Pedder Street (Hong Kong). Kwokcham Atunge Zhang

El mayor revés en casi cuatro años. El recorte superior al 11% que sufrieron el pasado miércoles las acciones de Tiffany & Co denotaba un nerviosismo propio de los momentos más convulsos de los mercados. Lo cierto es que la emblemática firma de joyería acababa de presentar unas cuentas que se alejaban en poco de las previsiones y que, de hecho, reflejaban un incremento de sus ventas. Sin embargo, un aspecto ponía en alerta a los inversores: la débil evolución de las ventas a clientes chinos.

El de Tiffany no ha sido, ni mucho menos, el primer sobresalto sufrido por las grandes compañías del lujo debido a la ralentización de sus ventas a clientes chinos. A inicios de noviembre era Richemont, propietario de Cartier o Montblanc, el que sufría un revés superior al 6% por idénticas razones. Y pocas semanas antes había sido LVMH (Louis Vuitton, Bulgari o Loewe), la que había encendido las alarmas sobre la situación del mercado chino, lo que le costó un castigo superior al 7%.

Tan llamativos tropiezos no han hecho sino agudizar una tendencia que es evidente desde el inicio de la segunda mitad del año: el descalabro del sector del lujo en bolsa. Además de Tiffany, LVMH o Richemont, firmas como Ralph Lauren, Kering, Movado, Swatch, PVH, Pandora o Prada arrastran recortes entre el 50 y 18% desde sus máximos anuales, registrados en torno al ecuador del año.

Un sector que se había mostrado incólume a las tensiones registradas en los últimos tiempos en los mercados financieros ha sufrido un desplome casi generalizado cuyas causas parecen tener origen, en buena medida, en China. En medio de las turbulencias desatadas por la guerra comercial entre el gigante asiático y Estados Unidos, los últimos datos han reabierto las preocupaciones del mercado por la desaceleración de la economía china e incluso algunas voces han alertado sobre la posibilidad de un frenazo brusco, como el que experimentó el país en la segunda mitad de 2015.

Tiffany, LVMH, Richemont o Prada acumulan caídas entre el 50 y el 18% desde sus máximos anuales

La debilidad experimentada por el yuan, que ha perdido cerca del 10% de su valor desde el pasado abril, representa otro golpe que impacta de lleno en la capacidad adquisitiva en el exterior de los consumidores chinos. Es significativo que los responsables de Tiffany alegaban que el descenso de las compras de clientes de China era más notorio en las tiendas en el extranjero que en las de la misma China.

Algunos estudios cifran en hasta un 30% de las ventas de artículos de lujo a nivel mundial las que son realizadas por consumidores de China en el extranjero. En estas circunstancias, el frenazo de este comercio representa un problema casi vital para la industria, ya que más allá de la importancia que representa este mercado actualmente, su potencial era visto como uno de los grandes soportes del negocio a medio plazo. Sin ir más lejos, la consultora Bain cifraba, en un informe publicado la pasada primavera, antes de que las dudas asaltaran al sector, que hacia 2025, los clientes chinos serían los impulsores de casi la mitad de las ventas de lujo.

Imagen de un diamante.

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El auge de la clase media y el gusto por lo suntuoso de los consumidores del gigante asiático ha sido un suculento botín que la práctica totalidad de las firmas del sector se han lanzado a aprovechar en los últimos años. Este optimismo ha sido clave en el alza próximo al 50% que acumulan los índices del sector del lujo, a pesar del desliz reciente, desde finales del 2013.

Ahora, en cambio, estas favorables perspectivas aparecen nubladas ante los ojos de los inversores, ante los temores que despierta el frenazo de la economía china.

Perspectivas aún positivas

Sin embargo, entre los analistas predomina la visión de que los miedos del mercado resultan exagerados y que las perspectivas para el sector del lujo siguen siendo positivas. Esta es la postura que defienden en Bankinter, donde resaltan que “la corrección que han experimentado los valores ligados al lujo en los últimos meses ofrece una oportunidad para crear una cartera de valores de calidad a valoraciones más atractivas”.

Desde el banco español apuntan que, aunque la demanda de productos de lujo es cíclica y, por ende, se ve influida por la coyuntura económica, el sector muestra unas perspectivas de crecimiento sostenibles. “El crecimiento de las economías emergentes, especialmente en Asia, la incorporación de las generaciones más jóvenes (millennials y generación Z) a la cadena del consumo y la resiliencia del crecimiento y la riqueza de las clases socioeconómicas más altas, incluso en escenarios de desaceleración económica, seguirán alimentando el potencial de crecimiento de las marcas de lujo, aunque a unas tasas más moderadas que las vistas en los dos últimos años”, señalan.

Bain estima que la facturación del sector crecerá cerca de un 40% hasta 2025

Bain, por ejemplo, sostiene que la facturación del sector se elevará cerca de un 40% entre 2018 y 2025. Es cierto que estas previsiones son previas a la última oleada de escepticismo sobre la economía china, pero la mayor parte de los expertos sostiene que, a pesar de la inquietud de los inversores, el gigante asiático podrá capear las dificultades sin experimentar grandes convulsiones.

“A medida que el gobierno chino determina estimular la economía a través de la expansión fiscal y monetaria, esperamos que el crecimiento económico de China se desacelere solo de manera uniforme. Se espera que el crecimiento del PIB caiga del 6,6% al 6,3% el próximo año”, pronostican al respecto los analistas de Natixis.

Cualquier acuerdo con Estados Unidos que acote los riesgos derivados de la guerra comercial en que se encuentran inmersos ambos países respaldaría esta visión y, sin suda, supondría un nuevo aliento de esperanza para los grandes fabricantes de artículos de lujo.

Tienda del fabricante de relojes Swatch.

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